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Discursos e Intervenciones

ZP se convierte en líder de la oposición

Por Documentación - 18 de Abril, 2006, 13:48, Categoría: Discursos e Intervenciones

Contra todo pronóstico (en realidad no tanto pues la frase del congreso era "que Bono no pase el Tajo") un desconocido José Luis Rodríguez Zapatero con 14 años como diputado se hacía con el liderazgo del PSOE presentándose como el sucesor de González. Con la perspectiva del tiempo aquel fue el primer paso en su meteórica carrera hacia La Moncloa. En aquel momento su elección resultó una esperanza para millones de españoles. Algunos por el contrario nunca nos fiamos demasiado de quien se presentaba como seguidor de González, aunque en honor a la verdad tampoco suponíamos la pesadilla que acabaría representando para la nación española. Su primer discurso como líder del principal partido de la oposición ya era una muestra de lo que posteriormente se conocía como "talante": frases muy sensatas que suena muy bien pero que nunca se convertirían en hechos. Todo era pose, todo era fingido e impostado.

Discurso ante el plenario del Grupo Parlamentario Socialista

  

Muchas gracias compañeros y compañeras por acudir a esta primera reunión del grupo parlamentario después del 35 Congreso Federal y en el arranque de un nuevo periodo de sesiones. En pocas circunstancias asistimos a un momento político que incorpore tantos datos de novedad; Creo y espero que dé expectativa y también estoy convencido que de estímulo  y de interés por el desarrollo del trabajo que ha de tener el grupo parlamentario. Quiero deciros, en primer lugar, que mi actividad pública ha estado siempre vinculada al grupo parlamentario socialista del Congreso de los Diputados.  Durante años he estado ahí sentado con vosotros, trabajando, haciendo amigos y amigas -que es fundamental en esta noble actividad y en nuestro ámbito- y quiero que me sigáis viendo así, como uno más: que así sigamos manteniendo la comunicación y la relación. Este grupo y las personas y los compañeros que lo integran es algo enormemente especial para mí y no podría abordar esta tarea de dirección del Partido y de presidencia del Grupo si no lo desarrollara de esa manera.

Comparezco aquí como bien sabéis tras el 35 Congreso Federal del Partido Socialista. Un Congreso que ha supuesto, en frase que ya ha tenido cierta notoriedad, un cambio tranquilo de nuestro partido. Un cambio que significa un nuevo proyecto para la sociedad española. Si España, como sociedad, ha evolucionado, ha cambiado de manera evidente, era natural y es natural que desde el ámbito de la política se ensayen nuevos escenarios que encaucen y lideren los cambios que se han producido las demandas de los ciudadanos han cambiado, se han creado  nuevas necesidades y han surgido problemas que sin ser literalmente nuevos si los son las formas en que se representan y las actitudes sociales individuales que se tienen ante los mismos. Pensemos, por ejemplo, en las relaciones entre empleo y desempleo, en la necesidad imperiosa de un desarrollo sostenible y del respeto al medio ambiente, pensemos en la importancia trascendental en el mundo actual y en un proyecto socialista de hacer  una política exterior de la solidaridad con los países subdesarrollados, en la ética ante los nuevos avances tecnológicos de la ingeniería genética, en las nuevas formas de marginación social generadas por las drogas, precariedad en el empleo o la inmigración como temas  fundamentales.  Volvamos a reflexionar sobre la sociedad de la información, sobre la nueva economía y sobre  que ésta no sólo sea un elemento más del desarrollo del mercado y del capitalismo sino que, además, profundice como gran instrumento de cohesión y de plasmación de valores de igualdad.  Nos encontramos pues con una sociedad distinta que necesita nuevas intervenciones, una nueva gestión, nuevas formas de organización y nuevas ideas.

Todo esto está enmarcado en un proyecto global de futuro que canalice las ilusiones de los ciudadanos y, en especial, de los más jóvenes que representan la esperanza de la España del futuro. El objetivo será hacer una España abierta, distinta, plural, laica y solidaria en la que se tomen responsabilidades compartidas por una parte, de los ciudadanos y, por otra, de las instituciones públicas. El proyecto político de la izquierda  exige un nuevo estilo de hacer política que cuente más con la gente y estimule su participación, que busque nuevas formulas de integración y que refuerce la cohesión en lugar de la diferencia o el enfrentamiento.

Creo que todos compartimos que el 35 Congreso del PSOE supone un cambio de rumbo de la política del Grupo Parlamentario Socialista. El giro hacia un nuevo proyecto político ha estado avalado por un cambio en las impresiones y las percepciones, no  solo de los asistentes al Congreso, sino de la ciudadanía en general. Ha supuesto, por decirlo de alguna manera, la transición desde una cierta incertidumbre y desconcierto a la esperanza. El 35 Congreso es un llamamiento al cambio y también al protagonismo de nuevas generaciones, un llamamiento a la participación y a la movilización. Eso sí, sin rupturas con la política anterior.

Hemos pasado de actitudes negativas que se preguntaban que es lo qué esta sucediendo en el Partido Socialista a una nueva actitud en la que la cuestión es, qué tenemos que hacer para construir una mayoría socialista. El Congreso, por lo tanto, cristaliza la necesidad que tenían los españoles de participar en el proyecto socialista. Se ha pasado del discurso interno a la exteriorización del discurso. Es la sociedad la que reclama una nueva forma de hacer política y se siente, por tanto la necesidad de establecer un nuevo dialogo entre la sociedad y la política. Hasta ahora, la gente ha estado de espectadora, asiste al espectáculo. Ahora tenemos que transformarnos en un auténtico espacio escénico en el que todo el mundo pueda participar de la obra. Es fundamental la accesibilidad a esa tarea, al Parlamento, a la política.

Tras casi siete meses de la victoria del Partido Popular por mayoría absoluta, su proyecto y su gestión de gobierno se siente ante la opinión pública como más distante, con menos pulso y sin un mínimo entusiasmo de futuro. Su política  es errática, su falta de impulso evidente y su orientación claramente favorecedora de grupos minoritarios.

Paralelamente el proyecto del PSOE desde el 23 de julio se siente más cercano a la mayoría, con más fuerza para pensar en la España de los próximo años. El éxito obtenido en este Congreso se debe, no solo a las propuestas en sí, sino al espíritu con que se ha hecho. El 35 Congreso ha sido ganado desde las ideas y los valores de la izquierda; la libertad, la igualdad y la solidaridad; y también desde los valores universales de la honestidad y el compromiso. Os propongo y nos proponemos desde la dirección del partido mantener vivo el espíritu del cambio y desarrollarlo en un auténtico motor de transformación social.

Vosotros los parlamentarios debéis hacer eco permanente de los intereses y de las aspiraciones sociales de toda la ciudadanía. Es preciso convertirse, hoy más que nunca, en un canal de expresión de esas aspiraciones. Ahora bien, el Parlamento  no debe ser sólo un mero altavoz de intereses, debe ser capaz de construir, de hacer cosas partiendo de las expectativas, necesidades, deseos y esperanzas de la gente.

El cambio, pues, ha empezado. Queremos y apostamos por esa nueva forma de hacer política en una democracia activa que ensalce la discusión entre las fuerzas parlamentarias y el diálogo entre los sectores sociales. El Parlamento no es principalmente un  lugar de enfrentamiento, sino de diálogo, por eso hay que volcar la actividad política en esta institución, en las instituciones, puesto que representan a la ciudadanía.

Se trata, en definitiva, de asumir un papel de liderazgo moral, de auténtica representación del interés colectivo y del servicio público, lo cual no es óbice, sino todo lo contrario, para que la oposición ejerza con claridad y con firmeza la tarea que le corresponde ante el Gobierno. Asumir esa función de liderazgo colectivo es la garantía del cambio social, económico, tecnológico y cultural que la sociedad espera de nosotros.

Tenemos que trabajar también por reforzar el papel institucional del diputado. La política, reitero, pasa por el Parlamento y no puede ser un monopolio del Gobierno. Hay que resaltar y recordar, porque a veces se olvida, el carácter  parlamentario de nuestro sistema político: el Gobierno nace del Parlamento, son los diputados quienes eligen al Gobierno y, por tanto, la génesis de las propuestas políticas, la génesis de las alternativas han de partir esencialmente de vuestra actividad y de este grupo.

El pasado Congreso dedicó una especial atención a reflexionar sobre este tema, sobre la necesidad de ampliar las fronteras de la democracia, de elevar su calidad, y aquí una vez más el Parlamento juega un papel imprescindible. Cabría preguntar si sirve el Parlamento actual adecuadamente a las necesidades de nuestra democracia. Pues bien, creo que la respuesta no puede ser positiva, más bien el Parlamento actual se inclina demasiado ante el Gobierno, a pesar de las profesiones de fe y de respeto democrático que proclaman muchos dirigentes políticos, al decir que el Parlamento es el centro de la vida política nacional. Recuerdan más bien aquel viejo aforismo que retrata a quienes gestionando la cosa pública carecen de ideales: "nunca creo lo que digo y nunca digo lo que creo".

La fuerza de los hechos, compañeros y compañeras, lo demuestran y la calidad de la democracia exige lo contrario: un Parlamento fuerte, que desarrolle con mayor intensidad sus funciones en relación a su posición en el conjunto del sistema político, más en su condición representativa del conjunto de la sociedad que en su configuración como mero órgano del Estado. Un Parlamento  cuya configuración actual no está ajustada a las demandas sociales, un Parlamento aquejado de rigidez, de burocracia, de poca agilidad y de falta de transparencia y de escasez de medios y, sobre todo, un Parlamento que difícilmente puede cumplir adecuadamente  su principal función: el control parlamentario del ejecutivo. Ministros que acudan al Parlamento, no cuando es necesario, sino cuando les conviene, que eluden su comparecencia con diversas artimañas y subterfugios,  que congelan el posible control de su gestión para cuando el asunto en cuestión deja de resultar de interés para la opinión. Un Parlamento, primer poder del Estado, que no es capaz siquiera de controlar la evolución y ejecución del gasto público de la Administración del Estado y aún de conocerlo en tiempo y forma, cuando hoy a través de la red se permite el acceso directo y en tiempo real a cualquier base documental. Solo se precisa voluntad política, que se niega incluso a los representantes de los ciudadanos, para cambiar esta lamentable situación. Un Parlamento, en fin, al que se le impide siquiera convocar a responsables de empresas, que aún siendo privadas prestan servicios de carácter esencial sujetos a límites en la competencia o con precios regulados por el Gobierno.

Este estado de cosas ha de cambiar, y ha de cambiar rápidamente, con la ayuda de los ciudadanos. Es imprescindible, y nos proponemos trabajar en esa línea, que se elabore un nuevo reglamento del Congreso de los Diputados que responda a las exigencias de nuestro tiempo.

El 35 Congreso también supuso un impulso para desarrollar una nueva tarea de oposición, una oposición que he definido que ha de ser, sobre todo, útil a la sociedad. En mi opinión, la ciudadanía no quiere una oposición que crispe la vida social. Los ciudadanos, y con razón, están hartos de los insultos entre los políticos. Hace falta una oposición activa que reconozca si es menester los aciertos, censure con fuerza y nitidez los errores y  siempre ofrezca una mejor solución a cada política que se critica del Gobierno. Debemos, pues, ser capaces de hacer bella la política. Hemos de hacer una oposición noble, honesta, respetuosa con la sociedad, con las instituciones y con las personas que la representan.

Es necesario en la vida pública fomentar, en esta misma línea , una cultura de respeto a las personas que participan en la misma y, en especial, a todas aquellas que han precedido en esa representación, desde la transición democrática a nuestros días, a los que se sentaron por primera vez y durante años en esta Cámara, a las personas que han presidido las principales instituciones del país, a los que han formado parte de los diferentes Gobiernos de la democracia, a los Presidentes y miembros de las Comunidades Autónomas, a los Alcaldes, concejales, en definitiva, a todos aquellos que han tenido y tienen una representación emanada de la voluntad popular.

Esto forma parte, también, de una necesidad clara y evidente de la democracia española y tenemos como oposición y como grupo parlamentario  que insistir, trabajar, defender y proponer cuantas medidas sean necesarias  porque eso, en el fondo, va a ser el fortalecimiento  de una democracia más sólida. Todas esas personas, y especialmente los compañeros y compañeras que han aportado tanto y que tienen tanta experiencia y tanto bagaje, es imprescindible que contribuyan decididamente a perfilar el futuro. En el 35 Congreso defendimos también que no era necesario estar gobernando para tener la iniciativa en los asuntos públicos, más bien al contrario, es necesario tener la iniciativa en los problemas sociales para poder gobernar.

Los ciudadanos sólo le dan el poder a los partidos que además de fiscalizar al Gobierno son capaces de ofrecer mejores soluciones. Si nos quedamos simplemente en el control y la fiscalización, por muy bien que lo hagamos y estoy convencido  de que va a ser así, la ciudadanía no nos sacará de esa tarea. Tenemos que demostrar a diario, sobre todo, que somos una opción mejor de Gobierno, que somos más sensibles a los problemas y que tenemos mejores soluciones.

En este sentido, y  en la línea de hacer una oposición útil socialmente, hemos empezado a trabajar desde muy pronto. Hemos querido actuar ante la escalada terrorista que lamentablemente ha vivido nuestro país en este último mes y desde una actitud de lealtad inequívoca de cooperación y de solidaridad con el Gobierno. Habría que ver que dirían algunos de los actuales ministros hace unos años si la situación hubiera sido al contrario. Hemos trabajado en una iniciativa de diálogo entre todas las fuerzas políticas que está dando sus primeros frutos. No nos hemos resignado a un papel subordinado. Leal sí, pero en silencio no. Pero hemos sido capaces de encontrar una vía, un camino por el que adentrarnos y provocar cambios en posiciones que, hasta ayer, parecían inamovibles.

La unidad de los demócratas es la mejor y, quizás, la única esperanza que los responsables públicos pueden y deben dar a la ciudadanía, la única esperanza que no  pueden parasitar los violentos, que no les nutra a ellos también, sino que, antes al contrario, mina su moral y su capacidad operativa.

Es esa unidad lo que debe ser nuestro objetivo estratégico básico con un permanente apoyo a las tareas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a ello nos estamos aplicando con tesón para ampliarla y fortalecerla. A esa misma tarea os insto para que os empeñéis, cada uno desde vuestro ámbito, en intentar conseguir en poco tiempo una nueva y gran unidad de todos los demócratas frente a la violencia y a la barbarie terrorista.

Pero, además, para ser una oposición útil socialmente hemos considerado y desarrollado, y en pocas semanas veremos la actitud del Gobierno precisamente en esta Institución, una propuesta que nos parece esencial: es la de llegar a un gran pacto sobre la inmigración en España, a un pacto político y moral que incluya a las fuerzas políticas parlamentarias, a las Comunidades Autónomas, a los empresarios, a los sindicatos y a las organizaciones no gubernamentales para que un tema que está vinculado  directamente a los principales derechos humanos de muchas personas no sea objeto de confrontación y de debate político. España daría una gran imagen ante el mundo si llegara a un gran acuerdo sobre nuestra política de inmigración y, desde aquí, vuelvo a reclamar al Gobierno y al Sr. Aznar que sea mínimamente sensible a una exigencia social, a una necesidad real y a lo que ha de ser una política de Estado también en esta materia, seguramente el segundo desafío más importante que tiene la sociedad española después del terrorismo. 

Pero hay alguna otra cuestión en la que España necesita ese impulso de un gran acuerdo global  entre la inmensa mayoría  de las fuerzas políticas y, especialmente, entre la principal de  la oposición y el Gobierno: la justicia. España no puede esperar ni un día más ante la situación que vive la justicia. Su reforma es imprescindible y urgente. Están implicados, detrás de esa gran opción, derechos y libertades fundamentales y están implicados, entre otros, principios tan  vertebradores de un proyecto de país moderno y avanzado  como es, sin duda, el principio de igualdad.

Por último, también el Grupo Parlamentario Socialista debe de comprometer su actitud abierta a lo que puede ser una posición de acuerdo con el Gobierno en aquellos temas  que tengan una directa vinculación con el desarrollo del Estado, con la estructura del Estado, con lo que es la definición y el buen funcionamiento de un país profundamente descentralizado que necesita mucha más lealtad institucional en términos generales y una permanente actitud de cooperación entre los diferentes Gobiernos. Creo que así demostraremos que la oposición puede ser una oposición útil a la sociedad.

Pero, además de ello, nuestros objetivos prioritarios han de responder,  en primer lugar, a la defensa de nuestro programa electoral, a la defensa de aquellos sectores sociales dinámicos y que tienen más necesidades en España. Quiero recordar  cuál es el fundamento de nuestra existencia como Partido Socialista. Quiero recordar que nuestro norte, que nuestra referencia permanente han de ser políticas que integren socialmente, políticas que rompan injusticias, políticas que equilibren  territorial y socialmente y que atiendan a los más necesitados.

Pero, dentro de esas prioridades, una mirada hacia la juventud de nuestro país, una mirada hacia el reconocimiento de sus valores, una mirada hacia la expectativa que deben de tener, que deben promover especialmente para que la cultura de la paz, para que la cultura de la convivencia, para que la cultura cívica sea aún más intensa en nuestro país, deberá  tener también una especial atención.

En ese sentido, me parece oportuno que haya un grupo de  compañeros y compañeras en el Grupo Parlamentario que dediquen su actividad especialmente a esa tarea. España es un país que necesita sobre todo superar algunos déficits, si de verdad quiere ser un país moderno, y que necesita un apoyo muy especial desde las instancias públicas a determinadas políticas. Quiero subrayar algunas que me parecen prioritarias: el apoyo a la investigación, a los investigadores y a las personas que quieren serlo y que no pueden serlo en este país hoy en día por la falta de política y de recursos, a los emprendedores, a los autónomos que forman parte inevitable y necesaria de un bloque social mayoritario que quiera tener el progreso como referencia, a aquellos que sufren y a aquellas principalmente que sufren cualquier tipo de violencia.

Y, desde luego, señalo como objetivo parlamentario principal el intentar arrancar del Gobierno una Ley integral contra la violencia doméstica en este país, ante una situación moralmente insostenible. Debería de ser una prioridad del Gobierno -no lo es-, y  va a ser una prioridad del Partido Socialista.

También es preciso que nuestra atención y nuestra mirada estén muy cerca del mundo de la cultura: que la cultura ocupe un lugar prioritario en nuestros debates y en nuestras inquietudes, que hagamos una tarea socialmente necesaria de la que hay que hablar con claridad. Una tarea que convierta a los creadores, a los hombres y mujeres de la cultura en el más amplio sentido de la palabra, a la gente que siente que tiene el espíritu como referencia y su inquietud fundamental en la sensibilidad, en auténticos líderes en esta sociedad. Que hagan una sociedad que empiece a equilibrar su apego por lo material, su apego por el desarrollo del consumo y que empiece a recuperar mucha pasión por el cultivo del desarrollo más atractivo y más noble que puede tener el ser humano. Esa es una tarea prioritaria de lo político y debe ser una tarea prioritaria de un proyecto socialista y a ella os animo.

Quiero pediros a todos los miembros del Grupo parlamentario que mantengáis una actitud de diálogo permanente y abierto con el Gobierno. No sé si alguna vez se ha dicho esto desde la oposición. Desde luego, en la época en la que éramos gobierno yo no lo escuché nunca. Pero lo quiero subrayar. Quiero que mantengáis una actitud de diálogo permanente y abierto con el gobierno y que apoyemos cuantas medidas se promuevan que sean buenas para España y los españoles. Y que ese diálogo sea también abierto y fluido con la totalidad de las fuerzas políticas y especialmente de las fuerzas con representación parlamentaria. Que haya un diálogo también con todos los sectores sociales y con todas las instituciones. Que haya una actitud abierta de colaboración, de disposición y de trabajo con todos los medios de comunicación y especialmente con las personas que desarrollan su tarea en esta casa.

Pero, sobre todo, quiero que tengamos una actitud de diálogo continuo, intenso, aún más fuerte, con todos y cada uno de los ciudadanos de este país. La mayor preocupación que deberíamos tener como representantes del pueblo español es que ni un solo ciudadano pudiera quedarse sin voz ante esta Casa o sin la posibilidad de transmitir su inquietud, su necesidad, su problema o su proyecto. Hay muchos ciudadanos que no están organizados en España. Hay muchos ciudadanos, sobre todo los más débiles, que no tienen un cauce de representación que defienda sus intereses. Y por ello,  os pido de manera muy directa, ni una queja, ni un problema, ni una petición, ni una sugerencia quede sin atender y sin responder.

Hay que trabajar pues de esta manera. Y además con humildad. Escuchado y aprendiendo. Asumiendo que incluso la oposición puede cometer errores. Seguramente no hemos escuchado hasta ahora a este Gobierno decir ni una sola vez que ha cometido un error. No sé si a partir de ahora estará dispuesto a decirlo alguna vez. Pero sepamos todos y sepa la opinión pública que la oposición no tendrá inconveniente en reconocer sus errores. Esa forma de trabajar que, en cierta medida es la que se lleva desarrollando en esta casa, es el objetivo fundamental de la dirección del Partido para los Grupos Parlamentarios. Así, en mi opinión, es como construiremos un proyecto socialista para España.

Tenemos por delante una tarea cargada de expectativas y de esfuerzo. Quiero que esa tarea se desarrolle con un intenso trabajo y con la capacidad de compromiso y de pasión que seamos capaces de poner encima de la mesa. En definitiva, quiero que esa tarea se desarrolle con el mejor estilo que puede tener un socialista: entrega, compromiso, humildad, capacidad de representación de los intereses de los más desfavorecidos y proyecto de futuro para un país como España que necesita que construyamos día a día de aquí a los próximos tres años un proyecto alternativo y de futuro.

  

   

Intervención de José Luis Rodríguez Zapatero (Secretario General del PSOE) ante el Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los diputados el 5 de Septiembre de 2000