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Opiniones (ZP Presidente)

Zapatero es considerado en el exterior como una prolongación de Franco

Por Sin Pancarta - 5 de Junio, 2006, 20:35, Categoría: Opiniones (ZP Presidente)

De todos los artículos publicados sobre la presidencia de ZP el más conocido y difundido ha sido el primero de una serie, a cual más demoledor, dedicados por el periódico más influyente del mundo. Zapatero es equiparado con Franco y acusado de fomentar el terrorismo. Hoy dos años después estas palabras cobran una especial incidencia. La tarjeta de presentación de ZP ante el mundo no pudo ser peor. No llevaba una semana en el cargo cuando The Wall Street Journal le dedicaba un editorial de una dureza desconocida con un líder occidental. En países con una democracia avanzada y consolidada supondría su caída o al menos una erosión notable. Para bien y para mal España es diferente.

“Generalísimo Zapatero” (Editorial de THE WALL STREET JOURNAL)

  

Franco estaría orgulloso

En los últimos meses J. L. Rodríguez Zapatero prometió en repetidas ocasiones revertir el rumbo de la política exterior española. Resulta, no obstante, sorprendente que el nuevo presidente del Gobierno quiera retroceder todo el camino hasta la era de Franco.

Un día después de su jura ceremonial, Zapatero ordenó el domingo el regreso de los 1.430 soldados españoles de Irak. Dice que sus electores quieren las tropas en casa y pronto. Quizá es así. El trauma de los atentados con bombas en Madrid el 11 de marzo movilizó a los votantes socialistas, que antes de ello tenían pocas esperanzas de que su partido obtuviese el poder. Sin embargo, la repentina medida de Zapatero representa más un mantenimiento del aislacionismo y, sí, el antieuropeismo que caracterizaron las cuatro décadas en el poder de Francisco Franco.

Parece como si el viejo dicho del Generalísimo “Europa acaba en los Pirineos” se puede volver a oír en Varsovia, Roma, Londres, La Haya, Copenhague y otras capitales que han enviado tropas a Irak. El precipitado repliegue español deja a esos europeos, ante todo a los polacos, plantados. Las tropas españolas sirvieron honorablemente en el contingente de mantenimiento de la paz mandado por los polacos en el sur de Irak.

La ruptura española de filas llega justo dos semanas antes del previsto ingreso en la UE de Polonia y otros nueve nuevos miembros. Los diez, salvo los minúsculos Eslovaquia, Malta y Chipre, enviaron soldados a Irak. Incluso diplomáticos franceses y alemanes, que estaban bastante contentos con la partida del firme J. M. Aznar del palacio de la Moncloa, han quedado pasmados con el repentino giro de la política española por parte de su sucesor.

Otro tanto cabe también decir del compromiso español con otra institución occidental por la que Franco sentía gran desprecio: la OTAN. Las tropas españolas, según fuentes fiables, estuvieron moviéndose anárquicamente fuera de zonas de combates y con poca coordinación con los mandos aliados, poniendo así en peligro las vidas de otras tropas de la coalición y de iraquíes.

Por el momento, serán los iraquíes que en las zonas de Nayaf y Diwaniya agradecían la ayuda española en proporcionar seguridad para la reconstrucción quienes más sientan el impacto de la política de Zapatero. Los españoles deben entender mejor que la mayoría de los europeos las dificultades de la transición de una dictadura a una democracia. Tras la muerte de Franco en 1975, España recibió una enorme ayuda de la UE y de la OTAN; los iraquíes sólo piden una asistencia similar.

Los socialistas tampoco pueden afirmar con credibilidad que la lucha contra el terrorismo en el país no está vinculada con Irak. Los investigadores españoles hallaron nexos entre la célula madrileña de terroristas y Abu Musab Al Zarqawi, un jordano del que funcionarios estadounidenses creen que está dirigiendo la campaña terrorista en Irak. Es probable que Zarqawi tuviese parte en la muerte de 11 soldados españoles en Irak, así como en la de los 191 pasajeros de trenes de cercanías el 11 de marzo. Sin embargo, en lugar de combatir el terrorismo en sus fuentes en Irak, Zapatero ha optado por la retirada.

El nuevo Gobierno trata de describir la retirada como democracia en funcionamiento o un ilustrado compromiso con algún imaginario proceso en la ONU. En realidad, hacen todo para evitar la obvia conclusión de que el terrorismo funciona. Sin embargo, Al Qaeda no se lo creerá. Y el apaciguamiento no es a los ojos del apaciguador, sino del apaciguado.

Zapatero da la impresión de que él, como Franco, piensa que España se puede retirar a una concha para alejarse así de los problemas del mundo. Sus notas de antiamericanismo también recuerdan a los tiempos de Franco. Las políticas de dicha era no fueron provechosas para España. Cuando el extremismo amenaza por igual a todas las democracias abiertas, el que un país intente optar de algún modo por salir de la lucha es una ilusión especialmente peligrosa en el mundo actual.

En ocho años, Aznar labró un papel sin precedentes para España en una UE en ampliación, en la OTAN y en América Latina y del Norte. No siempre se sentían cómodos los españoles bajo los focos, pero la España de Aznar tenía influencia. Puede que Zapatero quiera explicar a sus votantes cómo reducir el protagonismo de España en los asuntos mundiales puede servir a sus intereses.

Si las consecuencias de su marcha atrás pudiesen ser confinadas en las fronteras españolas, el resto del mundo no tendría necesidad de preocuparse, pero la huida de Zapatero del peligro aumenta los riesgos para todos. Los terroristas que tomaron estos días rehenes japoneses e italianos creen claramente que bastará poco –como lo ha demostrado España- para que otros aliados corten y corran. Habiéndose manifestado tan eficaz en Madrid, seguramente se volverá a probar el terrorismo en tiempos de elecciones.

El nuevo líder español, cuyo abuelo fue fusilado por un pelotón de Franco, llega al cargo con poca experiencia. Quizá aprenderá con el tiempo, pero su primera decisión en política exterior retrotrae a España a una era que los aliados creían equivocadamente que estaba bien enterrada.

   

Editorial publicado en THE WALL STREET JOURNAL el martes 20 de abril de 2004. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Albiac y el Resultado Electoral del 14-M

Por Sin Pancarta - 29 de Mayo, 2006, 6:02, Categoría: Opiniones (ZP Presidente)

La pluma de Albiac, siempre incisiva, generalmente certera, escasas horas después de conocerse el resultado electoral del 14-M realizaba la siguiente reflexión pública. La última frase dice textualmente "Adiós, España" y muy a nuestro pesar por el momento resulta de todo punto certera. He querido comenzar la serie de opiniones sobre ZP con este texto porque es uno de los que mejor define lo sucedido y lo que representa la "presidencia ZP".

"Ganó Al Qaeda" por Gabriel Albiac

  

Dice un personaje de Casablanca que renunciar a luchar es estar muertos. España, ayer, decidió morir: estaba en su derecho. Como tan bien lo supo Francesco Guicciardini en la Florencia del siglo XVI, las naciones son tan mortales como cualquier otro ser vivo; no es nada extraordinario.

Los cadáveres morales son legión en la política española. Así sucedió con aquella inmunda burguesía francesa que, en 1940, prefería colaborar con el nazismo antes que afrontar la guerra contra los genocidas. Todo ha sido vertiginoso desde el jueves. Al dolor, siguió el asco. Asco por el obsceno uso electoralista que PSOE e IU han hecho de la tragedia, en las 48 horas moralmente más turbias de la España reciente. Empieza, a partir de ahora, lo peor.

El 11-S abrió un horizonte nuevo y terrible: el de la cuarta guerra mundial (la tercera fue, entre 1948 y 1989, la Guerra Fría). Las guerras, una vez desencadenadas, sólo admiten dos desenlaces: o se ganan o se pierden. Los manifestantes que, ante las sedes del PP, exigían la rendición incondicional, son pobre gente. Los partidos que tramaron eso son abyectos: algo de lo más normal entre esos monstruos que son los políticos profesionales.

El 11-S ha fascinado a los últimos residuos del terrorismo de herencia estaliniana: los deslumbró hasta qué punto era posible sembrar apocalipsis con medios limitados. Por eso en las herriko tabernas se celebró, aún más gozosamente que en Gaza, la caída de las Torres Gemelas. No hay más que ir a las hemerotecas para seguir, en estos dos años y medio, la islamización política del abertzalismo: la iluminación de que sólo el cuerpo empanado en dinamita del mártir suicida es arma invencible contra el imperialismo; los llamamientos a la alianza estratégica con esa «religión de los pobres», llamada a destruir la perfidia capitalista... El viejo terrorista estaliniano Ilich Ramírez (alias Carlos), desde su prisión francesa, había dado ejemplo, convirtiéndose al islam, y enarbolando el Corán como última razón revolucionaria. Siglo XXI.

Ni es nuevo ni es extraño. Durante la Guerra Fría, Carlos, como ETA, como todos los terroristas europeos, fueron instrumentos de un KGB que administraba su logística y guiaba sus acciones. Y la OLP, el FPLP y los campamentos de la Beká fueron los cimientos de la vieja ETA. La fascinación del 11-S fuerza un tránsito de Arafat a Bin Laden. Elemental lógica del cambio generacional.

Ganó ayer la opción indigna de rendirse. A un adversario (el islamismo, pero también sus gérmenes entre nosotros) mil veces más exterminador que el nazismo, porque su comandante en jefe es Dios, y Dios no tiene límites. Eso se votaba ayer: renunciar a luchar; estar ya muerto. Ganó Al Qaeda. Adiós, España.

  

Publicado por el diario EL MUNDO el martes 16 de Marzo de 2004. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.